sábado, 19 de junio de 2010

Pasado

Hay momentos en los que sin saber como, sin saber porque las historias se repiten.

Tengo la sensación de volver a escribir otra vez sobre lo mismo. Este va a ser, espero mi último post  acerca de mis obsesiones sobre el paso del tiempo y sobre la transcendencia. Además de proponerme no volver a poner puntos suspensivos... Si es que no tengo fuerza de voluntad.

... creo que no... lo he pensado y voy a seguir escribiendo de esto porque, es la razón por lo que empecé con esto... bueno por la segunda... lo primero fue porque no sé como dando al botón de continuar me encontré de repente que tenía un blog. Sinceramente si lo tengo que volver a hacer seguro que no me acuerdo, me pasa lo mismo que con todo, que he llegado, pero no sé cómo, es divertido si no tienes que intentar repetirlo...

Ya me he vuelto a dispersar. A lo que iba, la segunda razón era porque me apetecía escribir, y el twitter no te deja escribir más de 140 caracteres. 

Y sobré todo qué me apetecía escribir sobre lo que se me pasase por la cabeza. Siempre me ha gustado filosofar sin pretensiones, me parece uno de los mayores  placeres no físicos para pasar el rato. 

Las obsexiones, digo obsesiones están bien, son entretenidas y son agradables... y una de mis obsesiones es el paso del tiempo, debe ser por la facilidad que tengo para dejar que pase. ¿Habéis leído Momo? Me imagino que sí, es un libro que regaban mucho cuando hacías la primera comunión. Un libro que por supuesto no he vuelto a leer ( que es de niños, por favor, y te lo regalaban en la primera comunión!) La historia era sobre un niña que se enfrentaba a lo señores grises que se dedicaban a guardar en bancos de tiempo el tiempo que ahorrabas. 

Me dejó alucinado y obsesionado, hasta ahora, y a aquí sigo perdiendo el tiempo, que dicen que no vuelve.

viernes, 28 de mayo de 2010

Fotos

Hoy he colgado un cuadrofotodeikea de un puente roto. Parece mentira como los momentos se pueden colgar.

Hay tribus que dicen que las fotos les roban el alma. No tengo ni idea que tribus son, pero vamos saber quiénes son o  si existen o han existido, no es algo que merezca la pena buscarlo en la wikipedia.
Volviendo al tema, me parece que los hipotéticos pueblos salvajes, tienen razón: los momentos en que la luz se reflejada en personas,o quien dice personas, dice piececicos in de world, ... y se quedan fijados, son acojonantes, son un momento, que hace que deje de serlo para convertirse en inmortal. Visto así no me extraña que sea algo peligroso y sobrenatural.

Además el problema es cuando ni siquiera son lo que estas viendo, son una parte de lo que estas viendo, lo que quieres que transcienda, sí, como el alma. 

Tras pensar todo esto de seguido, he llegado a la conclusión que yo soy de esas tribus. Así que si National Geographic quiere hacerme una reportaje fotográfico, yo me presto, lo que sea para que el mundo conozca otras formas de cultura... como no tengo claro el tema del alma, me arriesgo...

miércoles, 12 de mayo de 2010

martes, 11 de mayo de 2010

Cosas pendientes

Tengo pendiente un montón de cosas por hacer... y todavía no sé cuales son.

Cuando eras pequeño todas las historias tenía final, se terminaban con un the end, un fueron felices y comieron perdices o cuando te decían que había que irse ya a la cama...

Ahora te conformas con que te digan la última frase... y sinceramente cuando tienes treinta y tres años y ya no te dan la pago... suena distinto...

En fin o en principio las cosas no han cambiado mucho... y vas viendo que te salen canas... lo que quiere decir que has cumplido años y has ido haciendo cosas de las que tenías pendientes de hacer... y tú sin saberlo... sigues pensando en finales.

A mi me han pasado cosas, he hecho cosas, mientras he estado esperando que pasaran cosas...tienes que cerrar etapas, seguir teniendo finales...y lo malo es que cuando llegas a los finales no te enteras...

Creo que con esta frase tan redonda debería terminar este truño de autoayuda... es más, creo que debería borrarlo... pero que coño tengo treinta y tres años y canas en los huevos ... bueno, eso aún no... pero estoy desando tenerlas... porque esa sí es una frase redonda.

New York...


domingo, 9 de mayo de 2010

Imaginar

Acabo de ver un anuncio de Repsol, sobre lo bueno que son y lo que se preocupan por el medio ambiente... no voy a escribir sobre esto que quizás se merezca otro post...en fin a lo que iba, el anuncio termina con una frase: "la mayor capacidad del ser humano es la capacidad de imaginar".

La frase aparte de publicitariamente buenisima, me lleva a una reflexión sobre nosotros, esa especie de hominido que somos.

Somos una especie que ha aparecido 3500 millones años después de los primeros compuestos de carbono capaces de crear otros compuestos de carbono iguales.

A partir de esas primeras muestras de vidas, de millones de especies, de seres más grandes, más pequeños.... llegamos, hace apenas un suspiro, nosotros, y nosotros hemos conseguido en ese pequeño suspiro hacer que todo un planeta dependa de nosotros... puede que para el resto del planeta no sea tan bueno, pero a mi me parece alucinante. Desde la aparición de las bacterias que contaminaron la primera la atmósfera con oxigeno ninguna otra ha sido tan determinante como el homo sapiens sapiens en la transformación de habitat global.

Somos una especie que ha conseguido expandirse por todo el planeta sin necesidad de adaptaciones de centenares de generaciones, solo a base de imaginación.

Con imaginación se consiguió que unos seres que en la escala trófica apenas podían competir con los grandes carnívoros, a inventarse el fuego, a crear armas cada vez más sofisticadas que compensaban su debilidad física y su fragilidad... y a ver más allá de sus ojos, a sentir a través de lo que imaginaron otros.

La capacidad de imaginar más allá de lo que está delante nuestro, de intentar prever el futuro y adelantarse a él, la capacidad de comunicarnos, de transmitir esos pequeños, o quizás grandes avances, ha permitido dominar otras especies, utilizarlas... y también destruirlas. Y quizás lo que me parece más extraordinario darnos cuenta de nuestra propia debilidad y de nuestra propia vergüenza.